La Catedral de Siena, El Sacro Culto a la Belleza

La Catedral de Siena, El Sacro Culto a la Belleza


La Catedral de Siena (Duomo di Siena) es el templo principal y sede episcopal de esta ciudad italiana. Está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Fue diseñada sobre la base de una estructura más antigua y terminada entre 1215 y 1263. Pertenece, por tanto, a la fase plena del estilo Gótico. Presenta planta de cruz latina con crucero, cúpula y un campanario. La base de la cúpula es octogonal y sólo se hace circular por encima de las columnas de apoyo. La linterna de la corona fue añadida por el famoso arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini. La naves se dividen mediante arcos de medio punto. El exterior e interior del templo aparecen decorados con un placado de mármol blanco y verdoso, formando unas características rayas o bandas horizontales. El blanco y negro son los colores simbólicos de Siena, tomados de los caballos blanco y negro de los fundadores legendarios de la ciudad: Senio y Asquio.


Hubo planes para hacer más grande la iglesia, que fueron iniciados en 1339. Se pretendía triplicar prácticamente el espacio catedralicio, convirtiendo lo ya edificado, en el crucero del nuevo templo. Sin embargo, las obras fueron abandonadas tras los estragos de la Peste Negra en el año 1348. Aún pueden verse restos de esta ampliación fallida. La fachada principal es una de las obras maestras del Gótico italiano. Se trata de una fachada-pantalla, en la que el diseño geométrico (gabletes triangulares inscritos en cuadrados, cicunferencias perfectas de óculos y arquivoltas) aparece enmascarado por una fastuosa decoración en la que intervienen elementos arquitectónicos (pináculos y cresterías de complicado diseño), escultóricos y el toque de color que aportan los mosaicos, de excelente factura.


En el interior, llama la atención el ritmo continuo que imponen las bandas alternas de mámoles blancos y oscuros, así como la compleja labor decorativa del pavimento, en el que se muestran diversas y variadas escenas religiosas y paganas con multidud de figuras y gran atención al detalle. Está realizado mediante una singular técnica que recuerda al mosaico, al opus sectile romano o a la taracea, pero que en sentido estricto no es ninguna de estas tres cosas. 


Otra de las obras maestras que adornan la catedral es el famoso púlpito, relizado por los escultores Nicola Pisano y su hijo Giovanni, pieza clave de la escultura del Gótico tardío. Distribuidas por la catedral se admiran otras muchas obras de arte, de autores como Andrea Bregno (altar Piccolomini), Donatello (San Juan Bautista), Pinturicchio, o Baldassare Peruzzi. Con todo, quizá las obras más sobresalientes sean dos esculturas, un San Pedro y un San Pablo, adjudicadas a Miguel Ángel.



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