Cementerio De La Recoleta, El Silencio, el Mármol y la Belleza

Cementerio De La Recoleta, El Silencio, el Mármol y la Belleza





Los frailes de la orden de los recoletos descalzos llegaron a las afueras de Buenos Aires, a principios del siglo XVIII. Construyeron en el lugar un convento y una iglesia, que colocaron bajo la advocación de la Virgen del Pilar (la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, construida en 1732, aún existe y es un Monumento Histórico Nacional). Los lugareños terminaron denominando a la iglesia de los recoletos en simplemente la Recoleta, nombre que se extendió a toda la zona. Cuando la orden fue disuelta en 1822, el 17 de noviembre de ese año, la huerta del convento fue convertida en el primer cementerio público de la Ciudad de Buenos Aires. Los responsables de su creación fueron el entonces gobernador Martín Rodríguez (sus restos descansan en el Cementerio) y su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia. Sus dos primeros moradores fueron el niño liberto Juan Benito y la joven María Dolores Maciel.

Durante la década de 1870, como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad, muchos porteños de clase alta abandonaron los barrios de San Telmo y Montserrat y se mudaron a la parte norte de la ciudad, a Recoleta. Al convertirse en barrio de clase alta, el cementerio se convirtió en el último reposo de las familias de mayor prestigio y poder de Buenos Aires. El cementerio de la Recoleta comenzó siendo un camposanto en el año 1822, cuando nuestro gobierno prohibió las iluminaciones en conventos e iglesias autorizando el uso de terrenos al Monasterios de los Monjes Recoletos como cementerio para laicos. Así es como comenzó todo, se lo llamaba Cementerio del Norte hasta que Torcuato de Alvear, primer Intendente de Buenos Aires, obligó su remodelación y es allí en donde surgieron las calles internas; entre otras “innovaciones” se amplió la capilla y las esculturas tomaron un marcado estilo francés. 


Respecto a su arquitectura, la entrada está franqueada por puertas neoclásicas de altas columnas griegas. Sus mausoleos están señalados con el nombre de la familia labrado en su fachada, y placas de bronce se agregan para indicar a los miembros individuales, como conforman varios presidentes de la Argentina. El Pórtico de Entrada, construido por el arquitecto Juan A. Buschiazzo como parte del encargo, presenta una doble hilera de columnas de orden dórico sin base y alberga 3 puertas de hierro de 3 metros de altura. En el lugar donde se encuentra la Capilla de Bendiciones, destinado para rezar los responsos durante los sepelios, se puede apreciar una imagen de Cristo elaborada en mármol de Carrara de una sola pieza. Fue realizada por el escultor Monteverde y trasladada desde Europa en el año 1887.


El Mausoleo del Gral. Carlos María de Alvear fue construido en granito martelinado. Aquí reposan el Gral. Carlos María de Alvear, héroe de la Independencia Argentina, don Torcuato de Alvear y su hijo, el presidente de la República, Marcelo Torcuato de Alvear. El Sepulcro del Gral. Juan Facundo Quiroga: Aquí se encuentra sepultado de pie este caudillo federal riojano, cuyas hazañas guerreras le valieron el apodo de Tigre de los Llanos. La imagen de la Dolorosa que se encuentra sobre la tumba fue realizada en 1936 por el escultor Antonio Tantardini y es la primera obra de arte que llegó al cementerio de la Recoleta. Por otra parte, en el cementerio se encuentra un sepulcro de gran sencillez, la Bóveda de Manuel Dorrego, la cual contiene una urna de mármol blanco iluminada por la luz natural que se filtra por una claraboya, y guarda los restos de este jefe militar que participó de la campaña del Alto Perú durante las batallas por las luchas de la Independencia. También se encuentra aquí, una urna de bronce, el Mausoleo del Almirante Brown, obtenido al fundir los cañones de sus barcos, la Bóveda de Luis Piedrabuena y la Bóveda de la familia Dorrego Ortiz Basualdo.